Málaga y Gibralfaro

A Alejandro Tapia y Rivera
0 Altın Yaprak
Un tiempo Granada bella En pebeteros de plata, Los perfumes deliciosos Del oriente respiraba; Una cristiana cautiva Tan hermosa como el alba, Daba prez con sus hechizos Al harem que la guardaba. Granada, la gran señora, Tuvo celos de sus gracias, Y del mar a las orillas Confinola ¡pobre esclava! Y con razón, que era bella Como el cielo de la Arabia, Y rendíansela esclavos Los que una vez la miraban. Debió llamarse cadena De los pechos y las almas; Más sus padres caprichosos La dieron por nombre... Málaga. La Sultana granadina, De su corte al desterrarla, A un noble adalid morisco La confió para su guarda. Era el morisco gallardo, De una tribu de gran fama. Venturoso en los amores, Vencedor en las batallas; Y según las tradiciones Que de aquel tiempo se narran, El mancebo granadino «Gibralfaro» se llamaba. No os admiréis ¡oh lectores! Si hoy Gribralfaro y Málaga, Una ciudad y un castillo Con tales nombres se llaman: Que hay misterios en la historia Que el hombre jamás alcanza, Y hoy es piedra y aun es humo Lo que antaño fue arrogancia, El mancebo vencedor En las justas y batallas Fue vencido por los ojos De la cautiva cristiana; De amor suspiró infelice, Dio sus quejas a las auras Que impasibles, las llevaron A do va todo: a la nada. En vano llamola Hurí Digna del cielo, de Arabia Perla, y luna y sol luciente Y gacela y tigre hireana; En vano la dio continuos Testimonios de constancia; En vano a la libertad Del desierto la invitaba; En vano llamola flor Por el profeta sembrada, Oasis grato del desierto, Mirra preciosa del alma; Ella insensible a la voz Del mancebo se mostraba, Y al moro trataba siempre Como a un moro una cristiana . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Más llegaron otros tiempos Que el mundo todo es mudanzas, Y el guardián y la cautiva Tornaron a suerte varia. Para mal del rey Boabdil, Sus amores dio Granada A Tendilla, bravo conde De la estirpe castellana, Y el desdeñado Boabdil Sin diadema y sin amada Llevó su viudez y lloro A las arenas del África-; Bien que Granada la adúltera Al hacerse castellana Perdió su corona altiva Y en vez de esposa fue dama. Castigola así la suerte Y diole por reina a Mantua; Pasando entonces de reina A ser solo una vasalla; Pero volvamos al hecho, Que al tratar cosas humanas Nada tienen de extrañeza Estos cambios y mudanzas. El mancebo Gibralfaro A fe renunció y a patria, (Que el amor hace traidores A los que postra en sus aras) Y recibiendo el bautismo Tuvo el amor de su Málaga. Celebraron su himeneo Las gentes de la comarca, Dieron néctar sus viñedos Y mil racimos sus parras Y mil encantos sus flores Y mil suspiros sus auras, Y un morisco hecho cristiano, Gran prodigio en ciencia gaya, Al son del cairel dio al viento La canción epitalámica. Sin duda como memoria Del convertido y la dama Existen en aquel sitio Un Gibralfaro y su Málaga . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Esto ha dicho un sabidor, Moro insigne a quien las llamas Quemaron como tenaz, Y yo ignoro si es patraña. ¡Oh! Málaga, en tus orillas Discurrieron de mi infancia, Algunas horas felices, Pedazos ¡ay! de mi alma, Consérvolas, ciudad bella, Por que el árbol de la infancia Solo una vez reverdece, Tan solo una flor da al aura.

Metnin kaynağı: Kamu malı arşiv

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