El corazón de una hermosa

M Manuel Reina
0 Altın Yaprak
PRÓLOGO Manuel, en una noche del estío, en el sereno azul clavó los ojos; encendió un aromático veguero, y escribió esta novela. Fin del prólogo. I - RETRATO Era el capitán don Juan joven bello y decidor; apuesto, rico y galán, y por su porte y valor llamado El gran capitán. Dorados vinos bebía, con esplendidez jugaba y lindos trajes vestía; y, calavera, pasaba el tiempo en perenne orgía. Como el héroe conocido, que Espronceda nos pintó, Don Juan nunca recordó dinero por él perdido ni mujer que abandonó. Era nuestro capitán en la esgrima gran maestro; en los salones galán, y en hacer saltar, muy diestro, los tapones del champán. En fin, por su corazón, por su riqueza, hermosura y ardiente imaginación, era Don Juan la figura de la misma seducción. II - EN LA REJA -¿Te vas, mi corazón, mi amor primero? -Me marcho ya, querida; mas antes, que me des un beso quiero. -Con él toma mi vida. -Adiós, adiós, mi gloria, mi alegría. -¡Ay, Juan! ¿Me olvidarás? ¿Serás infiel a mi cariño, un día? -Jamás, Rosa, jamás. III - ROSA Rosa, joven divina y vaporosa, formada del aroma de las flores; dulce como canción de ruiseñores; cual noche de esponsales, deliciosa. Era de honor encantadora marca su pecho; en su pupila penetrante fulguraba una página del Dante; en su faz, un soneto de Petrarca. Su cuerpo era conjunto primoroso de estrellas y jazmines. ¿Quién diría que bajo forma tal palpitaría un corazón tan grande y poderoso? Rosa, joven divina y candorosa, del bello capitán enamorada... ¡Cuán infeliz, vendida y desgraciada fuiste por el amor...! ¡Ay pobre Rosa! IV - EN EL BAILE En el soberbio palacio del marqués de la Pradera, arde el placer, vibra el gozo, hierve, esta noche, la fiesta. Ved: es un baile de máscaras con que los dueños celebran el próximo casamiento de su angelical Eugenia. Nuestro alegre capitán es el prometido de ésta; Don Juan, que hoy es objetivo de los hombres y las bellas. El salón está poblado de máscaras pintorescas, de hermosísimas mujeres con vestiduras espléndidas. Torrentes de luz se escapan de las grandiosas lucernas; brillan los limpios cristales; los diamantes centellean; se iluminan los tapices; resplandecen las diademas, y en todo el salón se aspiran embriagadoras esencias. El capitán va vestido a lo Luis Catorce; lleva un elegante sombrero con rizada pluma negra, traje de raso y encaje, todo bordado de perlas, y una reluciente espada a la cintura sujeta. Eugenia, más seductora que nunca, viste de Ofelia: corona de blancas flores su frente preciosa ostenta, y su cuerpo la sublime túnica de nieve, aérea. Risas, suspiros y voces despide la concurrencia sólo una máscara grave en un ángulo se observa. Viste el traje de Pierrot; gracioso antifaz de seda cubre su rostro, y extraña la multitud vocinglera, que nuestro Pierrot sombrío lleve una espada en la diestra. Éste ve al capitán solo y le dice con voz seca: «Sois un bandido, Don Juan; y por Dios, que la existencia he de quitaros.» «Villano, calla o te arranco la lengua.» Así Don Juan le replica y al mismo tiempo le muestra del palacio suntuoso la riquísima escalera. V - LA MUERTE Don Juan, como buen soldado, es gran tirador de espada; y de una fiera estocada al Pierrot ha atravesado. Éste exclama: «Feliz soy; adiós, muero sin dolor; me arrebataste el honor ayer, y me matas hoy». El capitán con incierta mano el antifaz le quita, y, al verle el semblante, grita: «¡Rosa! ¡Infeliz! ¡Muerta, muerta!»

Metnin kaynağı: Kamu malı arşiv

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