Mancha de tinta

P Pedro Bonifacio Palacios
0 Altın Yaprak
6. Aunque residas entre alienados, calcula; aunque vivas entre mujeres, ármate; aunque duermas entre recién nacidos, vigila… 7. Cada átomo de alma, Cada átomo de tigre: toda espalda está amenazada de su estiletazo y toda mano condenada a herir... 9. Hasta los lobos reposan entre los lobos; pero tú no te confíes al sueño, ni sobre el pecho de tu propio hijo: nada te ama. 15. Tu fe, tu esperanza y tu caridad, no son nada más que variedades de tu interés; 18. Nadie que haya hecho algo bueno, ha querido hacerlo. Dentro de cada uno, lo que hay es un secreto inconfesable. Aquel más Cri- minal o más vil, todavía lo es más. (PAGINAS NEGRAS) MANCHA DE TINTA I Estaba una noche yo Sin compañía ninguna cuando en un rayo de luna un ángel rubio bajó. Mojó mí pluma, escribió, plegó el papel, y me dijo: >... Después... ¡voló sobre mí como un blanco crucifijo! II Fué tan fuerte mi emoción que, sin hacer su lectura, la celestial escritura cubrí de intenso borrón. Lleno de tribulación cogí rasante cincel a fin de raspar aquel tenebroso espumarajo... ¡Y en lo mejor del trabajo se me desgarró el papel! III ¡Pensé morir!...Resonantes a las dos sienes me latían!... ¿Cuáles y cuántos serían los nombres escritos antes? Y en un mar de interrogantes el alma flotando alerta, puse mi faz en la puerta del paterno rancho mío... ¡y el rancho estaba vacío sobre la pampa desierta! IV Como el perro delincuente que regresa con la aurora, echado a la puerta llora largamente, amargamente, en la tapera doliente que fué mi torre patricia, el Día de la Justicia me hubiese encontrado el mundo, aguardando gemebundo como el can, una caricia. V Pero besando el umbral a de las ruinas de mi rancho... (¡cunas rotas, en el ancho, Sollozante pajonal!) no sé qué fiebre imperial me invadió de tal manera... que me impuse, aunque debiera valerme de cualquier medio, de aquel borrón sin remedio sacar la luz toda entera. VI Y medité: — >. — Y comencé a recorrer las cuevas del proletario; pero el afán libertario deshumaniza al ilota... ¡y pasé por la picota de un bestial vocabulario! VII Los amigos... ——— > y anduve noches y días de la ciudad a la aldea. Como el poner una tea sobre una planta de trigo por el trigal sin abrigo ruede le conflagración, ¡fué cundiendo la Traición de un amigo en otro amigo! VIII Tremé: Circulé la vista como pidiendo contacto: sólo quedaba lo abstracto para restaurar la lista. Como celebrado artista fijé pomposo cartel... y vino el orbe en tropel para gritarme entusiasta: > IX Por una incongruencia rara, o, más bien, por cobardía, de un corazón yo quería no tener conciencia clara: le pira secreta, el ara donde oficia todo ser, solo, sin dejarse ver, en lo callado y oscuro... ¡ Lo más torpe y lo más puro: los besos de una mujer! X Mas pensé de pronto: > Llamé; gemí...¡no salió!... Aullé como hambrienta loba; en sus puertas de caoba grabé con sangre su nombre... y entre besos gritó un nombre: > XI ¡Qué blasfemia formidable desafiando a DIOS en seco, me brotó del antro hueco de mi pecho mísera! ¡Roto estaba el postrer cable y el bajel roto en astillas! ¡Desplomado, de rodillas, me sentía centro y polo del más frío, del más solo mar sin fondo y sin orillas! XII Y sonámbulo, sombrío, como un crónico sin cura que ya tiene la tonsura de la sombra y del vacío, tomé la senda del río buscando la paz, lo inerte, el refugio, el contrafuerte, la negación del dolor... ¡me pensé que la mejor es la vida de la muerte! XIII Pisé la playa; y al ver rodar las ondas serenas me paralizó las venas la enormidad del No-ser y quise a vivir volver presa de espanto cerval, pero una fuerza fatal me sumergía... ¡y a ratos vibraban los pizzicatos de una risa universal! XIV Muerto...¡sí, yo estuve muerto! Ya sin la vil sobreveste, busque la Ciudad celeste que es recompensa y es puerto. Me hundí en el éter desierto, como paloma extraviada, hasta. divisar, dorada, luminosa Puerta Pia;... ¡y al acercarme no había ni luz, ni puerta, ni nada! XV Desde aquella enorme cuita, en la más solemne calma, otra vez reside mi alma dentro mi carne maldita. Ahí está, la pobrecita, sin ensayar ningún vuelo, como la monja en su velo, como el reo en su cadalso, pues sabe que todo es falso... ¡cuando lo dispone el Cielo! XVI Y como el can delincuente que regresa con la aurora, lamiendo la puerta llora largamente, amargamente, en mí covacha doliente y acurrucado en su quicio, tal vez el Día del Juicio me habrá de encontrar el mundo ¡como un triste, gemebundo, palpitante desperdicio!

Metnin kaynağı: Kamu malı arşiv

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