El último borincano

A Alejandro Tapia y Rivera
0 Altın Yaprak
De la anhelada victoria perdida ya la esperanza, podrá tan solo la muerte aliviar nuestra desgracia. Al fuego de los cristianos es la resistencia vana, y todo cede ante el filo de sus cortantes espadas. A sus golpes formidables tal vez sucumbido haya el más valiente cacique de la tierra de Agueinaba; sin su aliento poderoso y sin su brazo, ¡oh desgracia! ¿qué intentaremos nosotros en situación tan amarga? Los cristianos nunca mueren, Borinquen su imperio guarda, ¡ah! nuestra vida ocultemos en las ásperas montañas. Así las indianas huestes en su dolor exclamaban, al ver en Yagüeca un día destruida su arrogancia. Unidos luego al caudillo que fue un tiempo su esperanza, el intrépido Humacao que dio nombre a su comarca, llevaron su duelo triste a la sierra que elevada saluda al sol cuando nace y al Mar del Caribe, guarda. Allí en aquella eminencia el cacique, la pujanza del bravo campeón cristiano resistiera época larga, ora asaltando llanuras o haciendo de sus gargantas un terrífico baluarte, testigo de cien hazañas. Allí sucumbió postrero de las huestes borincanas-. Y cuéntase que su sombra en aquellas cumbres ásperas do tiempo en tiempo se ofrece a las vecinas miradas. Yo imagino que su espíritu fue bañado en la luz santa, con que el cielo en su piedad ilumina allá las almas: que al sucumbir por su ley, a ella fiel aunque pagana, la eterna misericordia tuvo en cuenta su ignorancia. Y desde entonces errante al ver en su tierra alzada la digna cruz redentora, se postra y tierna plegaria eleva desde la altura que fue su glorioso alcázar, porque su tierra querida deba a la cruz bienandanza-. Tales son los ecos tristes que allá en noche solitaria, se escuchan en las alturas de la ríspida montaña. Tal la sombra vagabunda que se divisa postrada, en el Yunque gigantesco cuando la luna lo baña-. Al ver la cristiana grey, del cacique la arrogancia, la incansable intrepidez con que lidió por su patria y que loco era su empeño; dio por nombre a la comarca el de Sierra del Loquillo y hora Luquillo se llama.

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