A una ciega (Althaus)

C Clemente Althaus
0 Altın Yaprak
¡Cómo hasta el alma me llega mirar el llanto tenaz con que tu pupila ciega silenciosamente riega lo marchito de tu faz! Para la vista y el llanto, mezclando el mal con el bien, ojos nos dio el cielo santo: mas ¡ay! tus ojos no ven, ¡ellos que lloraron tanto! Fuentes de mar encendido, muertos a luz y color, vanos son para el sentido; sólo sirven al dolor que puso en ellos su nido. Despertando a la natura, en vano el brillante día sucede a la noche oscura: para ti, muy más sombría, noche sempiterna dura. ¡Qué de gozos tienes menos y que de bellezas pierdes! Cielos limpios y serenos, frescos valles, campos verdes, y prados de flores llenos. ¿Cómo será que concibas lo que son excelsos montes, aguas bullentes y vivas, infinitos horizontes y lejanas perspectivas? ¡Infeliz, que el elocuente rostro humano no conoces, y hablar no ves juntamente la faz de aquel cuyas voces tu oído entre sombras siente! En vano la creación allá en lo alto y a tus plantas ostenta su perfección: para ti bellezas tantas como si no fueran son. Para tu muerta mirada que nunca la luz alegra la creación enlutada es una página negra del gran libro de la Nada. Mas, si a tus ojos faltar pudo el oficio de ver, ¡con cuánto exceso el pesar cumplir les hizo el deber y el oficio de llorar! Para la vista y el llanto, mezclando el mal con el bien, ojos nos dio el cielo santo: mas ¡ay! tus ojos no ven, ellos que lloraron tanto! (1866)

Metnin kaynağı: Kamu malı arşiv

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