Reina en París unánime alegría: y toda plaza y toda calle suena, de alborozada muchedumbre llena, que celebra del año el primer día.…
No de tu eterna soledad te espantes ni del dolor que te devora insano, que esta suerte les cabe a los gigantes que atrás dejaron el nivel humano.…
Tu beldad seductora me convida con un mundo de dicha y de placer: pero yo, en cambio, a tu serena vida sólo puedo dolores ofrecer.…
Si de cristal transparente Fuera el hombre, y si se viera por esa viva vidriera cuanto quiere, piensa y siente;…
En ti se exceden las divinas manos, mundo feliz que adivinó Colon: tus mares dos inmensos océanos, y tus lagos y ríos mares son.…
Siempre que miro, Clorinda, tu hermosura, te cotejo con el indio tominejo, por lo pequeña y lo linda:…
Descubridor de un mundo y adivino, ¡quién añade a mi lira cuerdas nuevas! ¡quién da a mis manos el laúd divino del lírico de Tebas,…
Sigue, sigue, atrevido navegante, por los mares remotos de occidente: ni la onda insana, ni la ciega gente rinda tu fe, ni tu valor espante:…
Razón, consuelo, has tenido al decir que tu traslado ningún artista ha logrado que te salga parecido.…
Apenas el billete recibas, Carlos, de tu amante Adela, incansable jinete, clava la aguda espuela…
Cual voluble mariposa, en bellísimo jardín, va del clavel al jazmín y del jazmín a la rosa,…
Tal vez a celebrarte me arrastra ardiente irresistible afecto: mas, vanos numen y arte, remeda mi imperfecto,…
I Despierta, y apercibe la llama toda que en tu pecho vive;…
Mi triste rostro riego de ardiente lloro en incesable río: perdona a un flaco y ciego; pequé: pecar es mío,…
Con motivo de las frecuentes muertes de peruanos acaecidas en París, a principios de 1862 Templa, Señor, tu rigorosa saña, y a nosotros los ojos ya convierte…
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