Anhelo (Althaus)

C Clemente Althaus
0 Altın Yaprak
Cual de su sombra con locura rara va huyendo un niño en rápida carrera, mas nunca de la sombra se separa, que tras él va, como su pie ligera, hasta que al fin, de su tesón cansado, se para el niño con la sombra al lado: tal con vana porfía y malogrado empeño huyo de la Tristeza, sombra mía; y nunca, nunca de burlar acabo a quien me sigue como avaro dueño tenaz persigue a fugitivo esclavo. ¡Ay! en vano me trajo mi deseo de mi nativo suelo al europeo; mi enemiga crüel el océano pasó conmigo: en vano de ciudad en ciudad voy peregrino, y sus nombradas maravillas veo: a mí entre absorta multitud curiosa, en su hermoso palacio cristalino, me vio la grande Londres populosa: y en su seno me dio larga morada la ciudad celebrada que baña el Sena y parte, la que en laceres sin cesar rebosa: ya visité el divino bellísimo país, templo del Arte, que el mar circunda y parte el Apenino, y que a mi enamorada fantasía más que el resto del orbe sonreía: Nápoles habité, cuyas amenas playas, y de su golfo aguas serenas, la antigua Poesía morada imaginó de las Sirenas; y la ceniza santa de la ciudad, del mundo ya señora, ¡Ay! ¡tan mudada ahora! con sagrado pavor holló mi planta; y Pisa vi, y artística Florencia; y hoy el hispano paraíso moro, suspiro eterno del vencido Moro: ¡Ay! no se diferencia, en cuanto ciñe el mar y alumbra el día, ¡por feliz tierra alguna de la mía! O ¿será que es acaso la ventura fruto de un clima solo? ¿Ni avara ha consentido la Natura del uno al otro polo mas que un pueblo dichoso, de manera que es buscarla locura de esa región privilegiada fuera? Mas dónde habita aquella afortunada gente? ¿Qué viajador de tan benigna estrella, errante de la Aurora al Occidente, en su suelo feliz posó la huella? O ¿qué bajel, en mar desconocido por su dicha perdido, de ella nos trajo la gloriosa nueva? ¡Ah! quién habrá que otra región me muestre como el bello jardín, cielo terrestre, que habitaron mis padres Adán y Eva? Oh Sol, ojo del cielo, que con tu alta mirada todo lo abarcas en el ancho suelo; ¿Región alguna ignota y apartada, isla alguna desierta miras, aún negada a la humana codicia y encubierta; Ángulo ves de nuestro globo donde la ventura se esconde con el dulce Contento y el Reposo? Dímelo, si lo sabes, por que vuele en su busca presuroso. Y vosotras, viajeras del espacio infinito, vagas aves, que voláis a riberas donde nunca llegaron nuestras naves, decidme si sabéis dónde la ansiada felicidad ha puesto su morada; y por el aire leve, sobre montañas que corona el hielo y mar y selvas, vuestro raudo vuelo a sus reinos incógnitos me lleve. Granada, 1860

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