Vanitas vanitatum

C Clemente Althaus
0 Altın Yaprak
En un tiempo envidié la suerte ajena, juzgándome yo solo desdichado; mas sé que a todos a gemir condena la inexorable voluntad del hado: arrastra cada cual de la cadena que envuelve y aprisiona lo creado un eslabón, y por diversos modos, todos padecen y suspiran todos. ¿Quién conoció jamás un venturoso? Es máscara la dicha solamente; el rostro más sereno y más radioso, tristeza esconde, regocijo miente; como tal vez entre el rosal frondoso se anida venenosa la serpiente, o al lindo fruto de color lozano le roe el corazón negro gusano. ¡Cuántos felices reputé primero, por gloria, por riquezas y boato, cuyo tedio profundo y dolor fiero me descubrió después estrecho trato! Oye, oh mortal, mi verso verdadero, ni ajena suerte envidies insensato, que por diverso modo desgraciado fueras quizá, más en el mismo grado. Es el Dolor un rey, cuyo tirano maldecido poder menos no abarca que cuanto rige con sangrienta mano la universal inevitable Parca: a entrambos cuanto el mísero aldeano tributo paga el vencedor monarca, y hasta hoy las duras inflexibles leyes nadie burló de tan tremendos reyes. Si no mintiera el rostro, o fuera el hombre de trasparente cuerpo cristalino, se viera que es la dicha un vano nombre, y buscarla en la tierra es desatino: ya no habrá desventura que me asombre; a la coyunda del común destino mi frente doblo, y de anhelar sin seso terrenas dichas para siempre ceso. Los bienes a que da tan halagüeña bella faz la distancia engañadora, ¡Cuán distintos de cerca los enseña la verdad que su lustre descolora! Siempre la hastiada Posesión desdeña lo que el Deseo y la Esperanza adora; y cuanto más ansió mi desvarío, lo envidio, ajeno, lo desprecio, mío. Oh Salomón, Jehová con larga mano te dio infusa sin par sabiduría, riqueza, amor, poder, cuanto el humano deseo en fin imaginar podría; mas de que tanto don a dar es vano la ventura, la paz y la alegría, con esa triste voz me persüades: Es todo vanidad de vanidades. Y si feliz tú, Salomón, no fuiste, y si, cercado de grandeza suma, eternamente suspirabas triste, ¿quién hay que serlo tras de ti presuma? Ser vanidad cuanto en la tierra existe fue la verdad que tu doliente pluma legó a los siglos, cual final sentencia de tantas glorias, de tan vasta ciencia. Tú viste que el saber sólo era viento, carga el poder, la majestad vestido, El amor la quimera de un momento, las riquezas temor, la fama ruido, llanto la risa y el placer tormento; y que cuanto, con ansia apetecido, de lejos nos deslumbra y nos agrada, era de cerca dolorosa nada. Si oro me dan, y gloria, y poderío, si dueño me hacen de la tierra vasta, se quedará mi corazón vacío, que cuanto alcanza, sin llenarse, gasta; a lo infinito del anhelo mío Dios infinito es quien tan solo basta: y hasta que logre su divino objeto, suspirará mi corazón inquieto. Gota sin él en ancho mar vertida fueran bienes celestes y terrenos: y a Dios es fuerza que sedienta pida el alma que le copia, y que con menos que con Aquel que la hizo a su medida henchir no puede sus inmensos senos; y a esa capacidad tan vasta y honda es bien que un Dios entero corresponda. ¿Cuándo será, mi Dios, que, al contemplarte, en tus inmensos piélagos, sin tasa la sed eterna de mis ansias harte y el amor infinito que me abrasa? ¿Cuándo será que tu rigor no aparte del santo umbral de tu divina casa al que, nacido para estar en ella, el ancho mundo desdeñoso huella?

Metnin kaynağı: Kamu malı arşiv

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