Cardos y lirios/Resonancias
J Julio Flórez
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Altın Yaprak
¡Trueno!... Enorme alarido
de la negrura desgarrada, fiera
voz del gran nubarrón, que, suspendido
de azul, mancha la infinita esfera:
¡yo aplaudo tu estallido!
Hijo del rayo torvo, d´ese inicuo
devastador que ciegamente mata
con su visaje lúgubre y oblicuo
cuando el ciclón su cólera desata:
¡tu fragor me enajena y me arrebata!
¿De qué caverna del abismo sales?
De qué confín remoto
vienes y á que rincones siderales
¿llevas tu inmensa voz de terremoto?
Tu largo y poderoso tableteo,
que asorda el horizonte,
no me infunde pavor, sino deseo
de ver tu carro bronco y giganteo
¡despeñarse y rodar de monte en monte!
Atambor soberano
del gran combate negro
de los hondos azules:
de cielo y océano:
¡cuando te oigo, me alegro!
Cuando atraviesas los rugosos tules
de las nubes plomizas,
semejantes á lívidos montones
de apretadas cenizas,
rotos por los soberbios aquilones
del rayo entre las ráfagas rojizas,
gozo tanto al oírte,
como la ola que la espuma esmalta
y muge y corre y se encabrita y salta
¡sin que le importe la traidora sirte!
Al escucharte gozo,
porque tu voz es signo de bonanza;
nada importa el destrozo
¡mientras brille el fanal de la esperanza!
Tu voz, pasma y aterra,
¡pero á mi no!... ¿Pues sé que tras la lluvia,
como tras los estruendos de la guerra,
la dulce mies del pan? será más rubia
¿Y el hombre? ¡algo mejor sobre la tierra!
Metnin kaynağı: Kamu malı arşiv
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