Gotas de ajenjo/LXVIII

J Julio Flórez
0 Altın Yaprak
Siempre se emborrachaba y se dormía en los más degradantes bodegones; y al despuntar el resplandor del día, llena de mudas aflicciones, vino al bodegonero le pedía. Y acercando la copa al labio yerto, sin placer apuraba un vino impuro; y, con la triste palidez de un muerto, en la pared del bodegón obscuro fijaba el ojo de mirar incierto. Las rameras lo amaban; en la orgía quizás era entre todos el primero: porque a veces cantaba, se reía, improvisaba versos y sabía regalarles a aquéllas su dinero. Pero el monstruo implacable del hastío, lo halló en su senda, y en el alma mustia le clavó el diente venenoso y frío; y se llenó su corazón de angustia, cual se llena de sombras el vacío. Sus amigos decíanle: –¡Detente! (ebrio al mirarlo y triste y silencioso) rodando vas por desigual pendiente. Pero él todo lo oía indiferente. ¡Meditaba en un algo tenebroso! Todo fue en vano: al fin, una mañana, entre viejos toneles de cerveza, dobló la mustia faz, antes lozana, y se rompió de un tiro la cabeza, dando así fin a su existencia vana.

Metnin kaynağı: Kamu malı arşiv

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