Gotas de ajenjo/XIV

J Julio Flórez
0 Altın Yaprak
Cuando la madre murió, la huérfana Margarita, para consolar su cuita a muchas puertas llamó. Pero la desventurada, sin pan, sin luz, ni calor, a su constante clamor ¡toda puerta halló cerrada! Se acordó entonces del río... y en él ya se iba a tirar, cuando comenzó a temblar de miedo... de horror... de frío. De su intento arrepentida esa noche recorrió la ciudad, y se quedó en una calle, dormida. ¡Despertola un caballero; le ofreció placer y lujo, y a su casa la condujo; es decir, al matadero! De allí salió aquella flor de blancura inmaculada toda roja, toda ajada, toda llena de rubor. Después, sin rumbo ni apoyo apuró toda la hiel: fue a la cita, fue al burdel, fue a la cárcel... fue al arroyo. Y aquel ángel sin candor, de la orgía en el estruendo, ¡se fue muriendo, muriendo de vergüenza y de dolor! Pero halló la última puerta, la puerta del más allá... ¡la puerta que siempre está a todo mortal abierta! Y al cabo curó su mal, sus males (porque eran mil) una mañana de abril murió en un viejo hospital. Perdónala, pues, Dios mío; imploro en vano tu apoyo; y si se tiró al arroyo... ¡fue por no tirarse al río!

Metnin kaynağı: Kamu malı arşiv

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