Oro y ébano/Más allá

J Julio Flórez
0 Altın Yaprak
Dejando atrás ventisqueros, abismos dejando atrás, llegó al poeta a la cumbre donde el águila caudal cuelga su nido y contempla a solas la inmensidad, donde primero fulgura la blanca luz matinal y el sol del ocaso prende su último y triste fanal; donde la gloria deslumbra, donde el laurel vive más, y dijo mirando al cielo: ¿Por fin voy a descansar? Aquí está el reposo... Entonces del abismo sideral surgió una voz que le dijo: ¡No!, desciende, ¡aquí no está! ¿En dónde, pues? –dijo el bardo– Dijo la voz: ¡Más allá! La noche se ennegrecía, sollozaba el vendaval, el rayo tajaba nubes, lloraba la tempestad. Como otro Ahasvero el poeta la falda empezó a bajar ante el fragor de los cielos; sobre el hostil lodazal, la lluvia, el viento y el frío la azotaban sin piedad; de una roca en la pendiente halló una gruta al pasar y dijo mirando al cielo: ¿Aquí podré descansar? Aquí está el reposo... Entonces del abismo sideral surgió una voz que le dijo: ¡No!, desciende, baja más. ¿Adónde, pues? –dijo el bardo–. Dijo la voz: ¡Más allá! Heridos los pies, los bucles flotando entre el huracán, siguió el poeta el descenso: bajo más y más y más, hasta que al fin en la orilla del inconsolable mar halló como adormecida una espléndida ciudad, golpeó con mano fuerte de un palacio en el portal; confundido en el silencio que embargaba su ansiedad murmuró mirando al cielo: ¿Aquí podré descansar? Aquí está el reposo... Entonces del abismo sideral surgió una voz que le dijo: ¡No! desciende, baja más. ¿Adónde, pues? –dijo el bardo–. La voz le dijo: ¡Más allá! Siguió su marcha el poeta y al salir de la ciudad halló una puerta de hierro abierta de par en par. El silencio era profundo, inmensa la soledad, cipreses, barras y cruces tras la puerta, y nada más. Entró, pero al primer paso de un antro en la cavidad cayó el poeta rendido después de tanto luchar y dijo mirando al cielo ¿Por fin voy a descansar? Aquí está el reposo... Entonces de aquella sima glacial surgió una voz que le dijo con la más tierna piedad: –Cierra los ojos, poeta, porque el reposo aquí está. Los cielos son impasibles, la tierra es madre inmortal, cierra los ojos y duerme por toda la eternidad.

Metnin kaynağı: Kamu malı arşiv

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