Aguinaldo

M Manuel del Palacio
0 Altın Yaprak
No te invito á rezar, querido Antonio, pero ello es que se acerca un año nuevo y hay que hacerle la cruz como al demonio. Son muchos ya los que á la espalda llevo, y tampoco los tuyos son escasos, por más que á numerarlos no me atrevo. Recuerdo, si, que en mis cabellos lasos, apuntaban las canas prematuras, signo, quizás, de andar en malos pasos, cuando, ávido de gloria y de aventuras, como el manchego hidalgo tú salías, de malsines en pos y fermosuras. ¡Ay, Antonio, qué noches y qué días!... La fiebre convertida en indolencia, el ayuno mezclado á las orgías, pródigos, si no de oro, de existencia, de toda autoridad demoledores y sin más religión que la conciencia, logramos encumbrar á los mayores, que nos daban aplausos y sonrisas, guardándose riquezas y favores; siendo la consecuencia á estas premisas que, mientras ellos adquirieron fraques, nos quedamos nosotros sin camisas. ¡Tiene la humanidad estos achaques! Alguno que al pavés subir hicimos, nos llamó en ocasiones badulaques. Por sondas diferentes luego fuimos, y hoy que lejos del suelo nos hallamos, donde, como las plantas, florecimos; hoy que hacia la vejez marchando vamos y al vernos en la altura en que nos vemos, yo no sé si perdimos ó ganamos; bien es que aquellas horas recordemos en que la Juventud, á manos llenas, nos brindaba sus goces más supremos. ¡Horas de lucha, y á la par serenas! aún de vuestros encantos la memoria, es lenitivo y bálsamo á mis penas, y no hay ni puede haber mundana gloria, ya se llame fortuna ó poderío, ya se escriba en el alma ó en la historia, que yo no diera en dulce desvarío o por renovar los sueños que llenaron de amor y dicha nuestro hogar vacío. Mas, ¡ay! Cuando su nido abandonaron, no vuelven las perdidas ilusiones, aves de paso que al volar cantaron. En cambio, á ennegrecer los corazones vienen las sierpes, del dolor sañudas; los gusanos del odio y las pasiones; los buitres del engaño y de las dudas, y las movibles larvas del deseo, más horrorosas cuanto más desnudas. Yo, Antonio, lo sé bien; yo que peleo treinta años ha sin tregua ni reposo y apoyado en la tierra, como Anteo, contra lo vil ridículo y odioso de este mundo que el hombre empequeñece y Dios hizo tau grande y tan hermoso. Por eso, al ver el año que amanece, la tristeza mi espíritu domina, y mi cariño á lo pasado crece. El sol de la esperanza ya declina un punto más, y, en el ocaso hundido, vendrán las sombras á envolver su ruina. En tanto, y mientras logro del olvido sacar triunfante mis recuerdos gratos, (el único caudal que no he perdido); déjame que bendiga aquellos ratos, y tu buena amistad celebre y cante, para dar ese ejemplo á los ingratos. y desde el año nuevo en adelante, del Rhin al Plata, del Pisuerga al Segre, el que nos quiera mucho, que se alegre; el que nos quiera poco, que se aguante!

Metnin kaynağı: Kamu malı arşiv

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