A Dios (Carvajal)

R Rafael Carvajal
0 Altın Yaprak
(En el cumpleaños de mi padre) Verba mea auribus percipe, Domine, intellige clamorem meum. Salmo 5 Señor, por todas partes mi espíritu te encuentra, armado de justicia, vestido de poder; y cuando más se extiende mi vista, se concentra en mi alma el sentimiento de tu indecible ser. Te miro en el espacio azul del firmamento midiendo con tu vista la inmensa eternidad, de fúlgidas estrellas un trono por asiento y el sol allá en tu diestra vertiendo claridad. Te miro en esas nubes que llevan encrespadas de manto ennegrecido cubierto de capuz, cuando rugiendo cruzan el éter inflamadas privándome que mire tu bienhechora luz. El hórrido estampido que cruza el firmamento, cuando iracunda viene la negra tempestad, y el ronco rebramido con que se rasga el viento me anuncian con su estruendo tu regia majestad. Te miro en las nevadas pirámides que al cielo su cúspide levantan con mágico esplendor, magníficos santuarios que diste a mi suelo para que rindan culto los Andes a su Autor. Señor, por donde quiera se vienen a mi mente también de tus bondades ideas en tropel, y a cada instante mi alma conoce reverente las glorias del imperio que codició Luzbel. Empero más sublime te muestras y glorioso, admiro enternecido tu santa majestad cuando de alianza el arco te anuncia misterioso cual ese Dios inmenso de paz y de bondad. ¡Señor, yo te contemplo! Mi voz agradecida te eleva esta plegaria al son de mi laúd, porque te ve guardando la religiosa vida del hombre a quien inspira tu soplo de virtud. Ya no del temor santo que inspiras en el mundo despiertas en mi mente la grande admiración; un sentimiento sólo de gratitud profundo, de amor y de esperanza penetra el corazón. Señor, agradecido mi espíritu te adora, tu grande providencia conozco y tu bondad, inmensos beneficios tu mano me atesora guardando de mi Padre la vida tu piedad. Si un día dar quisistes a mi alma el sentimiento de este favor divino que llena el corazón, justo es que agradecido te rinda el pensamiento en homenaje humilde sincera adoración. Concede, Dios, que el aura de tan preciosa vida, cual suele aquí las flores tu céfiro mecer, en calma, en dulce calma, del tiempo la corrida modere, refrescando benéfica tu ser. Protege ¡oh Dios! sus días, cual padre bondadoso y un himno de alabanza mi voz entonará, y el arpa del Profeta con eco misterioso ¡Hosanna! allá en los cielos también repetirá.

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