A América

C Clemente Althaus
0 Altın Yaprak
En ti se exceden las divinas manos, mundo feliz que adivinó Colon: tus mares dos inmensos océanos, y tus lagos y ríos mares son. Altísimas se yerguen tus montañas, que el cielo tocan con su blanca sien, y es oro lo que esconden sus entrañas que arena de tus ríos es también. Te rinden sus tributos cinco zonas, provincias de tu imperio asombrador; de ambos polos te calzas y coronas, y te ciñes al talle el Ecuador. Es en ti cada inmensa selva oscura un verde laberinto vegetal, y el llano es mar de flores y verdura que habita primavera perennal. A ti sola sus cuatro lumbres bellas muestra del Sur la refulgente cruz, y de los cielos todas las estrellas regocijan tus noches con su luz. Ostente Europa a la extasiada vista los milagros que el Arte ejecutó, que los milagros del divino Artista en tu suelo mirar prefiero yo. Tú henchiste de oro el universo pobre, y no hay en suma codiciado bien que a tu opulencia virginal no sobre, imagen bella del perdido Edén. Pero el bien de que más te regocijas, y que tu justo orgullo hace mayor, es que tantas Repúblicas tus hijas ardan de libertad en el amor. Juntos están los otros Continentes, y un hemisferio son; pero tú estás, por dos grandes océanos potentes separado de todos los demás. Y en opuesto hemisferio, isla gigante, entre uno y otro dilatado mar, del resto de la tierra estas distante, formando como un mundo singular. El providente Creador aislarte quiso tal vez, para evitar así que el contagio que reina en cada parte del mundo antiguo, penetrará en ti. Por eso tantos siglos, en profundo misterio, a aquéllas te ocultó tal vez, y hoy tú sola eres joven en el mundo, del decrépito mundo en la vejez. Y mientras, por monarcas humillada, allá gime del mundo la mitad, quiso que tú el asilo y la morada fueras de la proscrita Libertad. Brille Europa un instante todavía, que bien pronto su luz verá extinguir: si es de ella lo pasado, ¡o patria mía! Tuyo, tuyo será lo porvenir. La Civilización, hija de Oriente, que el giro sigue de la luz solar, en ti, cual nuevo sol más refulgente, vendrá su largo curso a terminar. Ni tendrá ocaso tu esplendor divino: antes, resplandeciendo más y más, el progreso del hombre y su destino en la asombrada tierra cerrarás. (1862)

Metnin kaynağı: Kamu malı arşiv

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