A la memoria

C Clemente Althaus
0 Altın Yaprak
Ya acaba el tercer año su carrera, idolatrado amigo, desde que en extranjera tumba te sepultó la adversa suerte; y aún puedes desde el cielo ser testigo de que en lo hondo de mi alma persevera el dolor de tu muerte. Radiante de alegría, y bella nuncia de más bello día, se avecinaba la feliz aurora en que, tras los pesares de larga ausencia, a tus remotos lares te condujese nave voladora: pero se adelantó la aguda espada de la muerte traidora; y aquella misma aurora tan ansiada en que partir debiste al patrio suelo desde playa francesa, ¡Te vio partir del puerto de la vida a la oscura región desconocida de la que nunca viajador regresa! ¡Y así en el alba de tu hermoso día, cuando más lo futuro te reía, tú, que eras de la patria una esperanza, tú, puro corazón, tú, excelsa mente, en el sepulcro lóbrego te hundiste! ¡Y en tanto el necio a ver cubierta alcanza de blancas canas la insensata frente, y un siglo entero el opresor existe! ¡Y nuestra patria triste que en su florida primavera verde sus buenos hijos pierde, y tantos ya lamenta malogrados; vivir contempla días infinitos a sus hijos infames y malvados, y crecer con sus años sus delitos! ¡Y yo que ha poco en verte me agradaba lleno de juventud y lozanía, a tan clara verdad mi fe negaba y comprender tu muerte no podía! ¡Y en pasajero olvido, a las horas usadas, a tu taller modesto y escondido, como si aún vivo fueras, llevé tal vez mis ávidas pisadas! ¡Y tal vez, recorriendo los lugares y calles a tu planta familiares, encontrarme de súbito creía, como un tiempo solía, con tu rostro risueño y con tu ardiente presurosa mano que estrechara la mía en fraternal saludo cariñoso, para seguir con enlazado brazo y con pie perezoso discurriendo al acaso por las calles sonoras, en vario platicar entretenidos y olvidados del vuelo de las horas! ¿Con quién, pues en la tumba ya reposas, tendré esas dulces pláticas sabrosas de que eran tema poesía y arte, y en las que tanta parte pasamos de las noches silenciosas? ¿Qué otro placer se iguala en dulcedumbre con el placer de conversar a solas con caro amigo, a la süave lumbre del hogar que chispea, despreciando el tentador beleño del dios blando cuya frente circundan amapolas? ¿Quién volverme pudiera esos momentos cuando, ante los artísticos portentos que al asombro descubre el opulento y orgulloso Luvre, mis oídos atentos bebían de tus labios los inspirados férvidos acentos y discursos altísimos y sabios? ¡Y atónita sentía entonces el alma mía, de tus conceptos empapada y llena, que era hermano tu espíritu divino del espíritu angélico de Urbino y del pintor sublime de la Cena! Y esperaba engreído que suspensos los artistas futuros vieran tus tablas y sublimes lienzos en esos mismos orgullosos muros al lado de los lienzos inmortales de Rafael, Corregio y Leonardo: ¡mas ¡ay! promesas y esperanzas tales cortó la muerte con su crudo dardo! ¡Ah! si no hubiera muerte tan temprana arrebatado a tu creadora diestra los valientes pinceles, tus gloriosos laureles la frente orlaran de la patria nuestra, de lauros tan desnuda todavía; y los hijos de tu alta fantasía y de tu diestra mano, nos envidiara la opulencia ajena, de tesoro sin tasa ofrecedora; ¡y el ingenio peruano en ti admiraran la ciudad de Flora y la que baña el orgulloso Sena! Y tu la gracia entonces halagüeña trasladaras al lienzo, y la dulzura de la Beldad Limeña, que a la Ausonia Hermosura y a la Hermosura Griega rendir la palma triunfadora niega. ¡Y animados aquí por tus matices, respiraran también a nuestra vista del Inca imperio los antiguos fastos, y trágicos sucesos infelices y horrorosas escenas de la española bárbara conquista! Y al mísero Atahualpa entre cadenas, o asesinado por la atroz perfidia del codicioso hispano furibundo, con vengador pincel representaras: y revivir hicieras los altos hechos y proezas raras que dieron libertad a medio mundo: y arder se vieran en pared o tela de Junin y Ayacucho las batallas, y resonaran al iluso oído el plomo ardiente que silbando vuela, y el derramado son de las metrallas y del cañon el hórrido estampido; y se mezclaran de ambos vivos mares horrendamente las contrarias olas; hasta que al fin, cual rayos de la Guerra, los colombianos Martes aguijaran la fuga de las huestes españolas. Y entonces mi semblante, en fiel traslado por tu pincel amigo retratado, en la edad venidera mi nombre al tuyo uniera, y tu amistad me hubiera eternizado! Mas ¡ay! la amistad mía que, anhelando pagar arte con arte en el verso quisiera retratarte, eterna vida darte desconfía: que, de tu ingenio celestial diverso el débil mío, mal podrá mi verso, que corto vuelo alcanza, dilatar tu alabanza por la ancha redondez del universo. Mas, si voz de la Gloria no es mi canto y darte nueva vida no consigo, guarda mi corazón ardiente llanto que con tristeza, de consuelo esquiva, por la memoria de mi dulce amigo derramarán mis ojos, mientras viva. (1864)

Metnin kaynağı: Kamu malı arşiv

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