A Prometeo

C Clemente Althaus
0 Altın Yaprak
¿Por qué padeces tan enormes penas? ¿Por cuál empresa tan audaz y loca de Júpiter las iras desenfrenas, y yaces circundado de cadenas sobre desnuda solitaria roca? ¿A los hijos seguiste de la Tierra que, aconsejados por la fiera Diosa, al cielo hicieron temeraria guerra, y amontonando sierra sobre sierra, Pelion alzaron sobre Olimpo y Osa? Mas tu ayuda no obtuvo la quimera con que intentaba su demencia osada alzar empinadísima escalera que hasta el cielo llegase, y donde fuera cada montaña una gigante grada. Compadecerte del linaje humano de los dones de Júpiter proscrito, y al hombre dar con generosa mano el radioso elemento de Vulcano: ¡ese fue tu magnánimo delito! Le igualaba del cielo la sentencia de ciegos brutos a la abyecta plebe: y si la luz del arte y de la ciencia hoy hace menos triste su existencia, a tu enseñanza, a tu piedad lo debe. Mas vanamente al Caúcaso lejano con eternas fortísimas amarras te hizo ligar el celestial tirano y el águila en tu pecho clava en vano su pico agudo y sus tajantes garras. En vano irrita su furor hambriento el siempre vivo renaciente pasto del palpitante corazón sangriento; y en vano abrasa el sol y azota el viento la atada mole de tu cuerpo vasto. Tan injusto cuán hórrido castigo con sufrimiento indómito padeces, sin que nunca el dolor pueda contigo acabar que a tu bárbaro enemigo Humi de engrías con cobardes preces. Nunca vendrá para su orgullo el día que te arrepientas del robado fuego; y, aunque es rey de los mundos, todavía un contento le falta a su ufanía: mirar tu humillación, oír tu ruego.

Metnin kaynağı: Kamu malı arşiv

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