La princesa doña Luz
J José Zorrilla
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Altın Yaprak
Fria y lóbrega es la noche
A mas de húmeda y medrosa,
Que el pabellon de los cielos
Confusas nieblas embozan.
Se afana en vano la vista
Para registrar la sombra
Porque la menor distancia
Los objetos encapota.
Desiertas estan las calles,
Las puertas cerradas todas,
Las centinelas ocultas
Y bajo techo las rondas.
No hay una sola ventana
En donde aceche ó se esconda
Una doncella atrevida
Ni una madre recelosa.
Ni hay en reja ni en esquina
Galan que yerto se esponga
Las monótonas goteras
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A contar una tras otra.
Que es asaz cruda la noche
Y el cierzo sutil que sopla
Deja las manos sin brios
Para asir de la tizona.
Solo en una torrecilla
Del alcazar donde moran
Los reyes, brilla una luz
Tras unos vidrios dudosa.
Tan débil y tan opaca
Que apenas no se coloran
Las ricas alegorias
Con que los vidrios se adornan.
Mas al exámen prolijo
De vista escudriñadora
Se alcanza que en este instante
Quien vive alli no reposa.
Pues aunque hay unas cortinas
Que las vidrieras entoldan,
Oscilan continuamente
Luces produciendo y sombras.
Y apelando á unos celillos
O á una recta y buena lógica
Pudiera darse en que hay dentro
Desvelada una persona,
Que sin descanso pasea
La estancia, y dando á la atmósfera
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Movimiento, el de los lienzos
Con cada paso ocasiona.
La verdad es que alli dentro
Está pasando á estas horas
Una escena que sin duda
Mucho saber nos importa;
Si no por lo que interese
A quien esto lea ú oiga,
Por nuestra naturaleza
Entremetida y curiosa.
En un sillon de dos brazos,
La faz y la vista torva
Descolorido el semblante
Y entre ofendida y llorosa
(Aunque en nudos de respeto
Aprisionada la boca)
La princesa doña Luz,
Con su silencio razona.
Y su apostura modesta,
Y su calma magestuosa
Por su causa buena ó mala
Imperiosamente abogan.
El rey Egica su tio
Sin disimular su cólera,
Mide sin compas ante ella
A largos pasos la alfombra.
Y su barba mal peinada,
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Sus cejas negras, cerdosas,
Sus lábios trémulos, pálidos,
Y la aspiracion que sorda
Del aire que le circunda
Tan dificilmente toma,
Le semejan á una fiera
Cuanto enjaulada rabiosa.
Paróse en medio la estancia
Por fin, y en su encantadora
Sobrina puso los ojos
Dó la rábia se le asoma;
Y él altivo y ella humilde,
El feroz, ella medrosa
Bien comparárseles puede
Al milano y la paloma.
Por último el rey la dijo,
Con voz destemplada y cóncaba:
---¿Conque ello es que lo desprecias
Mozuela atrevida y loca?
¿Con que tienes en tan poco
Mi cariño y mi persona
Cuya dueña hacerte quise
Por hacerte venturosa?---
A cuyas palabras necias
Insolentes é injuriosas
Subió al rostro de la infanta
Todo el carmin de la honra,
(15)
---Mirad lo que hablais, repuso,
Que una sangre nos es propia,
Y aqui somos dos mugeres
Y no hay mas que una corona.
Para dama, no he nacido,
Si vuestra intencion es otra
Ventura y razon os faltan
Y resolucion me sobra.
---Y amor en otro parece...
---Eso, tio, no os importa,
Basta que no os quiera á vos
Para lo que á entrambos toca.
---Pues probaremos entrambos
Nuestra fortuna, señora,
Y si hay galan de por medio
Cuidad bien que no os le coja,
Porque ya sabeis que hay leyes
Que queman á las sin honra,
Y que es sentencia que dada
Ni el mismo rey la revoca.
Y esto hablando el rey Egica
En el manto se reboza
Y dando un fuerte portazo
Dejó á la princesa á solas.
Corrió á la puerta el cerrojo
Doña Luz, y en su congoja
Soltó las riendas al llanto
Que á sus párpados se agolpa.
Llenó el aire de suspiros,
Se mesó la faz hermosa,
Y la belleza maldijo
Que con pesares la agobia.
Destrenzóse los cabellos
Arrojó al suelo la toca,
Pisó los ricos collares,
Y renegó de las joyas,
Y renegó de la sangre
Heredada, régia, y goda
Que á ocultar tenaz la obliga
Su inspiracion amorosa:
Y desesperada al cabo
Dirigióse hácia la alcoba
Sin dar aviso á sus damas
Que la desciñan las ropas.
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Las lágrimas á los ojos
Mas que nunca abrasadoras,
Mas triste que nunca estuvo
LLena de negras memorias,
Iba á soplar en la lámpara
Soledad ansiando y sombra,
Cuando á una puerta escusada
Sonó señal cautelosa.
---¡Luz mia! dijeron, ¡Luz
De mi esperanza! ¿estás sola?
E introduciendo una llave
Se abrió la puerta en dos hojas.
---«¡Amor mio! esclamó el mozo.
---¿Eres tú? dijo la hermosa,
Y se tendieron los brazos,
Y se besaron las bocas.
---¿Tú has llorado, Luz?
---Y mucho.
---¿Pues hay razon?
---Poderosa!
---¡Por Dios, alma de mi alma,
Que me digas quien te enoja!
---Está lejos de tu alcance.
---¿Lejos? ¡por Nuestra Señora
Que como espectro no sea
Ha de pesarle su obra!
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Dime su nombre.
---Mi tio.
---Tu tio! Luz, estás loca!
---Mi tio, el rey.
---¡Por san Pablo!
Jamas pensara tal cosa,
¡El, que tanto te queria!
---Esa es mi desdicha toda
Que hoy de mi amor se consume
En la hoguera licenciosa.
---Eso mas?
---Vino á mi estancia
De noche, solo, á deshora,
Besó mis plantas de hinojos
Y con palabras fogosas
Me vino á decir las ansias
Que su corazon devoran.
---¿Y tú, Luz?
---Yo le he tirado
A la cara su corona.
Yo te amo y nunca tu imágen
Del corazon se me borra.
Y á las caricias tornaron,
Y á las confianzas propias,
De quien idólatra encuentra
Siempre firme á quien adora.
---Mira, Luz, (dijo el mancebo)
(19)
Nuestras visitas se acortan
Cada dia, y mas difíciles
Me van siendo y mas penosas.
Hay ojos que nos escuchan,
Y envidiosos que me rondan,
Y se aportilla tu honor,
Y mi dicha se malogra,
¿Quieres otorgarme un bien?
---Un bien? tú mismo le toma,
Que puedo negarte yó?
¿Cuál es?
---Que seas mi esposa.
---¿Y el rey?
---¿Qué pueden los hombres
Contra la ley protectora
De el cielo que nos escucha
Y por nosotros aboga?
Ven, ante esta santa imágen
De la Concepcion te postra,
Y júrame que eres mia.
---Sí que lo juro, y gustosa
Te doy mi vida y mi alma
Que lejos de tí me estorban.
---Y yo te juro amor mio
Ante esa virgen piadosa
Ser tuyo aunque á nuestro amor
El universo se oponga.
(20)
Y una y otra vez juraron
Asi de hinojos, y á solas
Adorarse hasta la muerte
Como esposo y como esposa.
Crecia en tanto la lluvia,
Y con furia asoladora
Cruzaba el viento bramando
Entre las almenas góticas.
Estrellábanse en los vidrios
Las arrebatadas gotas,
Y en el nocturno silencio
De aquella tiniebla lóbrega,
Duraba en la torrecilla
Donde la princesa mora
Aquella luz que brillaba
Tras de los vidrios dudosa.
Mas ya no es interrumpido
Su reflejo por la sombra
De las cortinas movidas
Al paso de una persona.
Todo permanece quieto,
Tranquilo está todo ahora
y es claro que quien la habita
O vive ausente, ó reposa.
Y allá mas tarde calmada
La tormenta, y ya la aurora
(21)
Vecina al nublado oriente
Se apagó la misteriosa
Luz, y por postigo oculto
Con precaucion previsora
Bajó á la puente de Alcántara
Un bulto de humana forma.
Pasó la siguiente noche,
Y pasaron otra y otras,
Y siempre ardia la luz
Hasta el alba, en cuya hora
Bajaba á la puente misma
La misma figura lóbrega,
Embozada, solitaria,
Recatada y recelosa.
Y asi se fueron pasando
Noches tras noches, y en todas
Al apagarse la luz
Aparecia la sombra.
Y allá á lo lejos se via
Por la ribera arenosa
Huir un hombre al escape
De un potro negro que monta.
Metnin kaynağı: Kamu malı arşiv
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