Las píldoras de Salomón

J José Zorrilla
0 Altın Yaprak
Vivia en cierto lugar De la Estremadura un juez De ir llegando á la vejez Con grandísimo pesar. Era el tal un hombre obeso, De gran nariz, buen color, Formidable bebedor... Hombre en fin de mucho seso. Hombre á quien nunca ablandaron Las desventuras mayores, Ni las palabras mejores Crédito con él lograron. Hombre de peso y medida Que por los dedos contaba Pero que no equivocaba Número alguno en su vida. (204) Juez tan recto y justiciero Que tendió con gran pericia La izquierda á la justicia Y la derecha al dinero. Y así solia decir: «El que dinero no tenga »Que no litigue, ni venga »Justicia mia á pedir. »Porque si hacerla es mi oficio »No he de ser tan majadero »Que no sea yo el primero »Que goce su beneficio.» Y con este parecer Y con tan sana opinion Era el oro su razon, Su porvenir el placer. Vivir bien era su afan, Vivir y gozar sin tasa, De modo que era en su casa no el señor, sino el sultan. (205) No se escaseaba delicias Ni se negaba placeres, Y su mesa y sus mugeres, Fruto eran de sus justicias. Egoista hasta lo sumo, Voraz por naturaleza Y de una rancia nobleza Embriagado con el humo, Era este juez, (sin rodeos) Un ricote de lugar Que nunca pensó en tasar Su ambicion, ni sus deseos. Tan satisfecho y casado Con sus propias opiniones Como asido á los doblones Que le sudaba el juzgado, Jamás pensó en su egoismo Que mirar por los demas Debia, ni vió jamás á nadie como á sí mismo. (206) Jamás su opípara mesa Parásitos asaltaron, Ni sus sentencias fallaron Sino en razon de la presa. Con mas razon litigaba Quien mas ofrenda esponia, Y mejor causa tenia Quien mejor se la pagaba. Tal era, amigo lector, Este golilla Estremeño, Que alcanzaba mucho empeño En la corte, y gran favor. Pues poderosa le ausilia Por su gran privanza en ella Una negocianta bella Allegada á su familia. Mas es tan frágil, tan vana La felicidad terrena Que toda nos la envenena La desazon mas liviana. (207) Gozaba este juez sin tino Sin mas bien, ni porvenir, Dejándose en brazos ir De su pródigo destino. Mas habia un pensamiento En su cabeza empotrado Que le tenia agobiado, Desabrido y mal contento. La idea de que tan poco La vida mortal duraba Era cosa con que andaba El buen estremeño loco. Pensar que al fin era ley Imposible de evitar, La existencia abandonar Lo mismo el patan que el Rey; Y pensar que un grosero Sayal áspero enterrado, Habia de ser pateado Por algun sepultero; (208) Era un pensamiento cruel Que afanado le traia, Y apechugar no podia El Estremeño con él. Continuamente al espejo El semblante se miraba, Sobre la edad que mostraba Demandándole consejo. Y porque de sus cabellos No hubiese blanco ninguno, Arrancaba uno por uno Cuantos encontraba entre ellos. Y en fin, si medio le hallára De vivir un año mas, Aun del mismo Satanás Las propuestas escuchára. Consiguiente á esta manía De tropezar con manera Para hacer mas duradera La vida mortal, tenia (209) Con solo un hombre amistad, Y esta amistad era un médico, Cronicon enciclopédico De su oscura facultad. Amigo de las botellas Como el golilla, testigo De sus proezas, y amigo Por demas de las doncellas, Era el único mortal Que osaba delante de él Representar su papel Sin que él lo llevare á mal. El era quien de las multas Cargaba con el producto Por el seguro conducto De sus continuas consultas. Y con su docto consejo Y acertadas opiniones Gastaba el juez sus doblones Para no llegar á viejo. Y asi la melancolía De la vida iban matando En la noche prolongando Las bacanales del dia. Y asi contentos los dos Aunque con diversos fines, Con récipes y festines (210) Iban del placer en pos. El médico, del golilla Imperturbable verdugo Iba sacándole el jugo Del juzgado á maravilla. E iba creyéndose el juez Que con remedios tamaños Iba alargando los años Y esquivando la vejez. Es una noche de marzo Turbia por demás y lóbrega, En que con ira los vientos Desencadenados soplan, Desiertas están las calles De Medellin, y en la sombra Todo solitario yace Todo tranquilo reposa, Solo el silencio interrumpe La voz destemplada y bronca Del ábrego que se estrella Contra las murallas sólidas Y el ágrio son con que giran En las ahuzas mohosas Las veletas al impulso De las ráfagas sonoras. Era ya tarde y estaba La media noche muy próxima Cuando en la casa postrera (212) De una callejuela angosta, Se oyeron voces confusas De diferentes personas Que del portal se acercaban Por la cavidad recóndita. Brilló la luz de la puerta Por entre las tablas rotas, Jiró la llave y salieron Cinco hombres en faz de ronda. Llevaba el uno delante Encendida una farola Con que alumbraba los pasos De otro que á distancia corta Le seguia y los demas Daban á este último escolta Embozados en sus capas Y asidos á sus tizonas. Cruzaban asi á buen paso Las calles una tras otra Y ya tocaban al término De su marcha silenciosa, Cuando al salir á una plaza Dieron de manos á boca Con la figura de un hombre Que la cruzaba á deshora. Su aventajada estatura, Serena y magestuosa, (213) Su tez y su barba negra Y el traje con que se adorna Su oriental origen pronto Y á claras voces pregonan. Mas no era de Medellin La gente en trajes muy docta Y asi se quedó un momento Ante esta vision atónita. ¿Quién vá?---(dijéronle) ---Un hombre. ---¡Buena razon! No tengo otra. ---¿Vuestro nombre? ---Es un secreto Que á mi tan solo me importa. ---¿De dónde venís? ---Del mundo. ---¿Dónde vais? ---Donde me arroja El impulso á que obedezco. Mi rumbo es la tierra toda. Por ella camino siempre Sin consultar mi derrota. Donde amanece principia Donde anochece se corta, E igualmente me cobijo En la corte que en la choza. (214) Quedó el juez meditabundo Y con sus miradas torbas Tomando del extranjero Las señas mas minuciosas. Y al fin como quien sospecha Idéntica la persona Con las señales que tiene Repuso con voz de mofa. Veníos, señor viajero, A la cárcel por ahora Y aclararemos mañana Respuestas tan misteriosas. ---Solo la verdad he dicho Y no añadire otra cosa. ---Mañana habeis de contarme Sin rebozo vuestra historia, Y si me engaño ireis libre, Si sois quien busco á la horca. A esta amenaza el incógnito Con sonrisa melancólica Dijo: ¡Si fuera posible Esa promesa engañosa! ---Ya lo veremos mañana. ---Mañana ¡ay! saldrá la aurora Y á otros lugares la brisa Me arrebatará imperiosa. ---Eso será lo que sea (215) Vuestra merced. ---En buen hora ---Ea asidle y registrarle, Y prevenir que no esconda Papel ni objeto que aclare, Su relacion sospechosa. (216) De la mañana siguiente Rayaba la aurora apenas, Y ya el juez de Medellin Asentado ante su mesa Con ojos devoradores Registraba una cartera, Que en su pupitre tenia Cuidadosamente puesta. Era un libro de memorias, Mas de tan antigua fecha Que ya de usarlas andaban Todas sus hojas revueltas. Veíase que añadido Estaba en distintas épocas, Segun el papel menguaba Y crecia la materia. Y era indudable que el dueño Conocia muchas tierras, Muchas distintas costumbres Y muchas gentes diversas. Porque en sus hojas se hallaban (217) Corolarios y advertencias De los sucesos mas célebres Que en las historias se cuentan. En seis hojas de papiro Escrita en latinas letras, Estaba de Marco Antonio Toda la historia secreta. Su amor hácia Cleopatra, Las lágrimas de la bella, Su fuga de los Romanos Y su muerte lastimera. Mas adelante unas notas, De oscuras cifras hebreas Con una imágen de Cristo, Obra de mano maestra. Leíase en una parte: «Y oí de su boca mesma Decir esto á Constantino De su madre Santa Elena.» En otra parte decia, «Copia de las cifras negras Con que escribió en una gruta David su salmo cincuenta. Hízomelas ver su hijo Cuando visitó esta cueva Donde iba el Rey pecador A cumplir sus penitencias.» (219) Y eran unos caractéres Inteligibles apenas. Leíase en otra hoja. «En mil trescientos setenta De don Pedro de Castilla, En Burgos ví las exequias.» En otra parte una página De preguntas y respuestas, De el Rey Luis XI de Francia, Y el dueño de la cartera. Aqui variaba el papel Y con pluma mas moderna La escritura ejecutada Leíase toda entera. Habia allí muchas firmas De persona de gran cuenta De Luis XIV de Francia, De Ricardo de Inglaterra, Del emperador don Cárlos De Alemania, y en pos de esta La del cardenal Cisneros y Cárlos XII de Suecia. Parecia que aquel hombre Sabia todas las lenguas, Pues notas tenia escritas De su mano en todas ellas. Y era muy sábio sin duda, (219) Pues las artes y las ciencias Igualmente sometía A su crítica severa. Pasaba el juez muchas hojas Que probablemente eran Aquellas que no alcanzaba Su mezquina insuficiencia. Pero con ansia indecible Se apoderaba de aquellas Que escritas en castellano Suministrábanle ideas. Sobre todo ávidamente Devoraba las postreras Que estaban la mayor parte De historias y versos llenas. Muchas habia de insígnes Desconocidos poetas, De quien por mas que valieron Huyó la fortuna adversa. Mas siempre del juez dejaba La imaginacion incierta Cuanto en las hojas leía De la confusa cartera: Porque esparcidos á trozos En desordenadas piezas Sus misteriosos fragmentos Decian de esta manera:

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