A mi hermana Grimanesa 2

C Clemente Althaus
0 Altın Yaprak
¡Ah! nunca vienen las desdichas solas: siempre la pena sucedió a la pena, como del mar las incesantes olas, cual los anillos de una gran cadena. Flecha tras flecha la Desgracia vibra, lazo ninguno su furor respeta, y en el sensible corazón no hay fibra donde no clave su mortal saeta. Y si con pecho de sufrir rendido, grita tal vez la víctima: ¿hasta cuándo? cierra la cruda el contumaz oído, sus golpes y su saña redoblando. Y ha dos años, dos años, Grimanesa, que su implacable encarnizada diestra en partes mil de traspasar no cesa el corazón de la familia nuestra. Y en tanto tiempo la mudable luna no acabó una vez sola su carrera, sin que al doliente corazón alguna nueva desdicha a lacerar viniera. Y vino la más fiera, y los despojos guardó de nuestra madre el Camposanto, y derramaron nuestros tristes ojos su más amargo doloroso llanto. Y hoy es la nueva víctima tu esposo que la Parca feroz escoger quiso: sin anunciarte el golpe doloroso, le dispara su flecha de improviso. Y cae el triste entre tus brazos yerto, y en vano de su muerte tu amor duda: ¡Ah! tu infortunio, tu infortunio es cierto, ¡pobre hermana, ayer huérfana y hoy viuda! ¡Oh terrible dolor que todavía hace más fiero la crueldad del hado, con la vasta invencible lejanía que nos separa de tu dulce lado! ¡Ah! ¡quién alas prestara al impaciente insano ardor que nuestro pecho encierra, para volar, más raudos que la mente, a las lejanas playas de Inglaterra! ¡Quién pudiera volar a la potente ciudad soberbia, de la mar señora, que no contiene entre su inmensa gente más triste desdichada moradora! Sí; no hay, hermana, entre los tres millones que hinchen de Londres el gigante seno, uno sólo, de tantos corazones, hoy más que el tuyo de amargura lleno. ¡Ah! ¡si aliviar pudiéramos la pena, que hace tu tierno corazón pedazos! Si en torno de tu cuello tina cadena de amor formaran nuestros fieles brazos! Si, ya que nada en este trance fuera capaz de mitigar tu atroz quebranto, ¡el consuelo quedáranos siquiera de mezclar con tu llanto nuestro llanto! Mas quiso el hado en su crudeza rara, con ausencia del mal acrecedora, que antes al nuestro tu dolor faltara cual falta al tuyo nuestro llanto ahora. Deja, deja por fin la tierra extraña: no más moremos tan lejanos puntos: del hado temple nuestra unión la saña, y las desgracias nos encuentren juntos. Hijos sin madre, esposa sin marido, más y más nuestros lazos estrechemos, y del fiero destino embravecido los futuros asaltos esperemos: Hasta que, exhaustas del dolor las heces y abandonando este mortal desierto, al fin muramos los que tantas veces en los seres queridos hemos muerto.

Metnin kaynağı: Kamu malı arşiv

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